Nietzche
Crítica a la metafísica
La metafísica tradicional ha instaurado un dualismo ontológico al distinguir
entre el mundo verdadero de lo permanente, captado por la razón y el mundo
aparente de lo cambiante, captado por los sentidos. Como consecuencia de ello:
1. Es una ontología estática porque considera al Ser como algo fijo e
inmutable.
2. La auténtica realidad, el Ser, no se deja ver tal como es en realidad en
este mundo en donde todo es apariencia y falsedad de los sentidos.
3. El Ser tiene un mundo propio.
Puesto que lo que conocemos de este mundo es irreal, debemos buscar en el otro
para estar así en posesión de la verdad. Por eso, el filósofo dogmático se
dedica a buscar, a “especular”, por encima del movimiento del mundo: lo que sea
el ser del mundo no lo podemos estudiar en el torbellino del ir y venir de esta
vida, ya que ésta es para él la causa del error.
La Metafísica y la ontología tradicionales se basan, a juicio de Nietzsche, en
prejuicios de los filósofos contra la vida tales como el horror a la muerte, a
la vejez, al cambio, a la procreación, etc.
El ser humano inventa la ficción de la metafísica para escapar de la caducidad
y dar a su existencia un significado infinito. No hay ningún mundo de Ideas
eternas, sólo existe el mundo espacio-temporal experimentable por los sentidos.
No existe un mundo aparente y un mundo verdadero sino el devenir constante del
Ser -la vida- creando y destruyendo el mundo. Debemos negar, asegura el
filósofo vitalista, absolutamente toda ontología que implique un menosprecio
por la vida tal y como ella es.
La crítica nietzschiana a la división ontológica se clarifica con estas cuatro
tesis, recogidas en el Crepúsculo de los ídolos, sobre la falsa concepción
tradicional del ser:
1. “Las razones por las que este mundo ha sido calificado de aparente por el
metafísico fundamentan, antes bien, su realidad; otra especie distinta de
realidad es absolutamente indemostrable” Una realidad construida
artificialmente en base a conceptos o categorías mentales como unidad,
identidad, causalidad, finalidad, sustancia… es absolutamente indemostrable.
Afirmar que algo es aparente porque no se ajusta a estas categorías es afirmar
justamente lo contrario, a saber, que es real. Si bien estos conceptos nos han
servido para saber a qué atenernos y sobrevivir en un mundo en devenir, no
podemos tomarlos a ellos mismos como la auténtica realidad puesto que son una
creación nuestra para estar prevenidos.
2. “Los signos distintivos que han sido asignados al ser verdadero de las cosas
son los signos distintivos del no-ser, de la nada” Los filósofos tradicionales
estaban convencidos de que el devenir es un error de nuestros sentidos, por eso
construyeron su “mundo verdadero” a salvo del devenir, negándolo, cosificándolo
en conceptos. El resultado final ha sido la negación del ser y la afirmación de
la nada contenida en sus conceptos.
3. “Inventar fábulas acerca de “otro” mundo distinto de este no tiene sentido,
presuponiendo que no domine en nosotros un instinto (…) de recelo frente a la
vida” La perspectiva estática del ser, aquella que niega su devenir, es
producto del resentimiento hacia la vida, de la duda del valor de esta: quien
inventa otro mundo es porque cree que será mejor que este.
4. “Dividir el mundo en un mundo verdadero y en un mundo aparente, ya sea al
modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (…) es un síntoma de vida
descendente” Inventar ficciones lógicas y conceptos que nos permitan la
estabilidad frente al carácter caótico del mundo es propio de la vida falta de
fuerza, decadente. El resultado es una momificación del devenir y el
sometimiento del hombre a un principio superior a él mismo, bien sea Dios, la
razón o la ciencia.
Vídeo sobre la crítica al conocimiento conceptual y el lenguaje.
Crítica al conocimiento
conceptual y al lenguaje
La crítica nietzscheana a la metafísica estática que ha producido una falsa
interpretación del ser al despojarlo del cambio y el devenir se completa con la
crítica que el filósofo alemán hace del conocimiento conceptual.
• En primer lugar denuncia un cierto platonismo en la génesis y formación de
los conceptos que ha traído como consecuencia su reificación y sustantivación ,
conceptos que un día fueron creados para hacer referencia a una experiencia o
vivencia original, pero que con el paso del tiempo se han convertido ellos
mismos en sustancias, adquiriendo una vida independiente, superior incluso a la
vida auténtica que intentaron reflejar en su día.
• Además, la génesis misma de los conceptos exige un proceso de abstracción
(sensación –> imaginación intuitiva –> concepto) que prescinde
arbitrariamente de las diferencias individuales para conseguir una
representación universal. Asi, aunque el concepto “animal”, por ejemplo, se
refiere a todos los animales, no tiene como referente a ningún animal concreto
(perro, gato, hombre) y no nos permite conocer ningún animal existente. El
concepto más que reflejar la realidad, la oculta.
• La verdad, entonces, no es más que un conjunto de abstracciones y
generalizaciones sin contenido concreto que el uso y la costumbre ha ido
desgastando.
• Si los conceptos no aprehenden la verdadera realidad del ser, que es devenir
y cambio, solo nos queda un comportamiento estético que se sabe creativo y
efímero. La verdad acontece en cada experiencia individual con los rasgos
propios de una auténtica experiencia estética: creatividad subjetiva y
efimeridad.
• Por último, no escapa a Nietzsche la estrecha relación del lenguaje con la
metafísica estática y el conocimiento conceptual. La estructura gramatical de
una lengua establece el campo de interpretación y las posibilidades de
conceptualización del mundo. Así, por ejemplo, la estructura gramatical “sujeto
y predicado” se presta especialmente a la construcción conceptual ya que da por
supuesto que existe un sujeto del que se afirman determinadas cualidades,
aunque ese sujeto sea una construcción nuestra. Por eso el filósofo alemán se
pregunta en el Crepúsculo de los dioses si no estaremos siendo “engañados
precisamente por el lenguaje.”
• Para evitar la petrificación que sufre el devenir al quedar fijado en una
categoría que la costumbre convierte en inmutable, el filósofo alemán exalta la
imaginación metafórica del ser humano. La metáfora es una verdadera perspectiva
porque con ella se logra una integración de diversidades mediante el juego de
las posibles interpetaciones.
Crítica a la moral
Nietzsche entiende la moral como “contranaturaleza”, es decir, aquello que se
opone a la vida, que impone normas contra los instintos vitales.
Qué Nietzsche se oponga a la erradicación de los instintos no significa que
esté proponiendo la vuelta al salvajismo moral. Su idea más bien pasa por
considerar que los instintos que el cristianismo ha intentado extirpar, deben
ser encauzados, y utilizados como lo que son, expresión de la vida. Eso
significa que es la vida la que debe considerarse el centro desde el que juzgar
qué sea realmente bueno y malo. “Bueno” será lo que favorezca la vida, la
expanda, la ame, la desee y la quiera, mientras que “malo” se convertirá en
todo aquello que la odie, la niegue y, en definitiva, la rechace.
Como no podía ser de otra forma, la moral contranatural de occidente hunde sus
raíces en el platonismo y se extiende gracias a la metafísica cristiana. El
mundo de las Ideas platónico acabó convertido en el reino de los cielos. Como
consecuencia, lo más auténtico del ser humano no se encuentra en esta vida,
sino en la otra, en el más allá. Por eso afirmará en el Crepúsculo de los
ídolos que “la vida acaba donde empieza el reino de Dios”.
De este modo la moral impuesta a occidente se ha convertido en un síntoma de
vida decadente y de nihilismo.
Muerte de Dios y nihilismo
Desde la Ilustración la creencia en la existencia de Dios había entrado en
crisis. Sin embargo, y a pesar de que la intelectualidad cada vez considera más
que no había Dios, la mayoría de las instituciones que la existencia de Dios
había garantizado y legitimado a lo largo de la historia, permanecían
inconmovibles, como si ese acontecimiento no les afectara.
Nietzsche anuncia justamente las consecuencias que la muerte de Dios tendrá
para el ser humano, consecuencias que todavía no han llegado a conocerse.
Porque si Dios era el garante del orden moral, político y legal, de la verdad,
del conocimiento y de la misma naturaleza, del sentido del mundo y de toda
existencia, entonces, la muerte de Dios, tendrá que tener repercusiones en
todos esos campos. La muerte de Dios no significa que ya no se crea en Dios, es
que todo lo se ha sustentado en éste paulatinamente se está desmoronando,
aunque los hombres todavía no han tomado conciencia de sus consecuencias.
La frase “Dios ha muerto” acuñada por Nietzsche significa que Dios, como
síntesis del fundamento suprasensible de todo lo real ha perdido toda su fuerza
obligatoria. Así, al quitarle al mundo suprasensible la pretendida función
ordenadora de nuestras existencias, nos hemos quedado sin brújula, sin sentido
que darle a esta vida.
Cuando las consecuencias de la muerte de Dios lleguen, y antes de que venga el
superhombre, aparecerá el nihilismo.
El nihilismo sigue siendo expresión de la decadencia, pero en este caso es
expresión de la decepción que sienten aquellos que aceptaron ese mundo de
verdades objetivas, de moral cristiana, y ven ahora como todo esto se derrumba.
En esa circunstancia, el nihilista deja de creer en cualquier cosa, dedica su
vida a la crítica sistemática de cualquier verdad, a la negación de cualquier
valor cognoscitivo y moral, en la idea de que si no existen verdades y morales
absolutas, nada tiene ya sentido; y en esto consiste más propiamente el
nihilismo, en negar todo sentido a la vida.
Sin embargo, eliminados los falsos valores queda abierta otra posibilidad,
distinta al nihilismo, la de crear nuevos valores, pero crearlo desde unos
instintos que amen la vida
El superhombre
Para hacer esto es para lo que es necesario un superhombre. El superhombre
tiene como función recobrar el sentido de la vida, pero sin ponerlo más allá
del mundo, en el otro mundo transcendente a éste, sino en este; y por tanto, su
misión tiene que ver con santificar la Tierra. Ahora la tierra, lo sensible,
ocupará el papel que la decadencia había reservado a Dios.
La manera de conseguir esto es a través de un acto de voluntad, que no es más
que expresión de los instintos de vida que constituyen al ser humano. Ese acto
de la voluntad consistirá en un acto de valoración, de creación de nuevos
valores.
El superhombre es un héroe futuro; un filósofo por venir que comprenderá las
grandes verdades de la muerte de Dios, y comprenderá cuál es la esencia de a la
vida; la voluntad de poder. Y a través de él podrá manifestarse la vida.
Nietzsche no se considera así mismo el superhombre, más bien su anunciador. Y
en este anunciar trata de preparar al mundo para su venida, y lo hace destruyendo
los valores existentes de su cultura, que no son más que fruto de la
decadencia.
El superhombre, que dice sí a la vida y a los valores propios de ésta, ha de
experimentar una triple metamorfosis de su espíritu según se describe en el
primer discurso de Zaratustra:
1. camello: animal sumiso, simboliza a los que se conforman con obedecer
ciegamente.
2. León: el gran nihilista, símbolo de la negación de todos los valores
tradicionales.
3. Niño: simboliza el vivir libre de prejuicios, la libertad absoluta.
Los viejos valores racionales y suprasensibles son sustituidos por valores
vitales y sensibles. El superhombre defiende la desigualdad, la jerarquía, el
cambio, el experimento y el riesgo, frente a la igualdad, la seguridad, valores
propios de la moral del “rebaño”.
La voluntad de poder
La metafísica u ontología nietzscheana se conoce con el nombre de voluntad de
poder, ya que ésta es la esencia más íntima del ser.
• La ontología dinámica nietzscheana combate la ontología estática, que veía en
el devenir una simple apariencia. Desde esta nueva interpretación de la
realidad el ser se nos muestra en un abanico de aspectos, de diferentes
perspectivas. Esta pluralidad de aspectos se convierte en “apariencia” cuando
lo que se nos muestra en una perspectiva se fija o queda establecido como lo
único determinante, con el consiguiente menosprecio de todas las demás
perspectivas.
• Por otra parte, el ser es devenir, porque siempre se está haciendo, siempre
está por hacerse, siempre está en proceso, un proceso infinito.
• De este modo la verdad que podemos encontrar no puede ser estable. La verdad
de los filósofos tradicionales no es sino una apariencia que se ha impuesto a
través de a costumbre.
CONTEXTO HISTÓRICO-CULTURAL
Nuestro autor vive en una época dominada por la sociedad burguesa. La primera mitad del siglo XIX será un
período revolucionario inaugurado por la Revolución Francesa, mientras que en
la segunda, los nacionalismos dan lugar a nuevos Estados: Italia y Alemania.
Las conquistas burguesas son producto de
la Revolución industrial, consolidada desde
1830-40. Este proceso distanció a la burguesía del proletariado. Además, la necesidad
de materias primas y nuevos mercados llevó a la colonización de África y Asia, convirtiéndose las
naciones europeas en grandes imperios. Una Europa
impregnada de ideales burgueses, a los que Nietzsche
también dirigirá sus críticas.
Políticamente, dos corrientes justifican los intereses de dos
clases enfrentadas. El liberalismo de Adam
Smith defiende la libertad política y económica de la burguesía. Como
reacción a las consecuencias negativas del liberalismo para el proletariado,
surgen en el último tercio de siglo el socialismo y el anarquismo, cuyo origen
encontramos en la filosofía de Marx. Nietzsche no comparte ninguna de estas
ideologías, que propugnaban un final feliz para la sociedad humana.
Científicamente, destaca la publicación de El origen de las especies de Darwin. La concepción que
Nietzsche tiene de la vida humana, junto con el
tema del superhombre y la voluntad de poder se relacionan con el
evolucionismo darwinista, basado en laselección
natural.
Culturalmente, excepto la música de Wagner, Nietzsche cree que ladecadencia invade la Europa burguesa.
El simbolismo de la poesía
de Verlaine y Rimbaudmanifiesta esa visión sin ilusión. Oscar Wylde se convierte en el representante
del bohemio que quiere convertir su vida en obra de arte. Tal actitud alegre se refleja también en los cuadros
de Degas y de Toulouse Lautrec. No obstante,
esta aparente despreocupación esconde la amargura ante la falta de valores
sólidos, vacío que también expresa el nihilismo de Nietzsche.
CONTEXTO FILOSÓFICO
En la segunda mitad del siglo XIX, el positivismo es el movimiento dominante, pero a
medida que el siglo avanza, nacen reacciones contra sus principios. Así surgen
el historicismo de Dilthey y el vitalismo, en el que se sitúa el propio Nietzsche.
Ambas corrientes pretenden comprender la realidad más allá de la explicación
científica.
El positivismo de Comte identifica la
razón con la razón científica, y la verdad científica con el modelo de verdad.
Nietzsche se opuso, para él, la realidad no es objetiva sino un conjunto de
interpretaciones. Su filosofía se presenta como una radical crítica al
pensamiento que va desde la Ilustración hasta el
idealismo de Hegel. Según este autor, la
Ilustración asume los mismos valores que el cristianismo: la verdad, la bondad y la belleza. Y
el positivismo no sería sino un paso más en la misma dirección.
Las teorías de Freud también se
oponen al racionalismo. El psicoanálisis concede una decisiva importancia a los
instintos para explicar la personalidad. El principio del placer rige la vida
del ser humano, y la represión o satisfacción de este principio determina qué
somos y en qué nos convertimos. Esto supuso una conmoción y una crítica a la
sociedad neurótica de su época.
Otro crítico de la visión ilustrada es Schopenhauer. Defendió que el mundo es nuestra
“representación”, fruto de la organización, mediante las categorías del
entendimiento, del material proporcionado por las percepciones. Este mundo es
“voluntad” de existir, ansia de perdurar. Esa voluntad es lo que explica toda
acción, todo cambio que se produce en el mundo. Por eso el mundo es, como
señala su obra más conocida, “voluntad y representación”.
El papel que Schopenhauer atribuye a la voluntad, mucho más importante y
primaria que la razón, será una influencia decisiva en Nietzsche. Con
Schopenhauer, la razón deja de ser lo que nos define, y se convierte en un
instrumento al servicio de nuestro instinto por perdurar la vida. En segundo
lugar, Nietzsche asume de este autor su crítica a la concepción ilustrada de la
historia como progreso y su visión cíclica del devenir. Sin embargo, Nietzsche
se separa de su pesimismo, proponiendo un SÍ rotundo a la vida.
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